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HILVANANDO ANDARES PARA ABRIR CAMINOS

martes, 30 de junio de 2009

5 de Julio ¿Votar o no votar?


Por Luis Eduardo Sánchez


Como es bien sabido, el 5 de julio se realizarán las elecciones federales para designar a los próximos legisladores del país. Estos comicios son los más importantes desde la elección presidencial que en 2006 cimbró la vida pública del Estado mexicano. En aquel entonces el resultado fue severamente cuestionado por amplios sectores de la sociedad civil. El candidato de la
Coalición por el Bien de Todos, Andrés Manuel López Obrador, acusó a los poderes públicos y facticos del país de orquestar un fraude para darle el triunfo al panista Felipe Calderón, quien finalmente ocupó la presidencia pero con serios problemas de legitimidad. El gobierno así formado se ha caracterizado por la continuidad del modelo económico neoliberal, por la militarización del país en una fallida guerra contra el narcotráfico, y por el debilitamiento abrupto de las garantías individuales, arrastrando a nuestra nación a una de sus peores crisis en sexenios. Por su parte López Obrador, tras el fraude electoral, comenzó con los preparativos para abonar un movimiento nacional de resistencia civil que hiciera contrapeso al gobierno usurpador, oponiéndose con movilización a la reforma energética, tomando como bandera la defensa de la economía popular y recorriendo los 2 038 municipios del país que se rigen por el régimen de partidos. Entonces parecería lógico pensar que estas votaciones serán tan reñidas como las presidenciales. Sin embargo, una nueva disyuntiva se vislumbra en el escenario político. Se trata de la cuestión de votar o de anular el voto. La pregunta cobra actualidad ante la emergencia pública de una campaña muy singular que llama abiertamente a votar en blanco. ¿En qué consiste dicha campaña?


LA JUSTIFICACIÓN




Los que promueven el voto en blanco afirman ser ciudadanos hartos del comportamiento de los políticos en general. Sostienen que la sociedad ha sido burlada incansablemente por la llamada clase política que se disputa el poder elección tras elección. Que el grado de descomposición de la vida pública en México se debe a la corrupción de estos políticos, sean del partido que sean, y que lejos de procurar el desarrollo y el bienestar de la nación, la han empobrecido, enriqueciéndose a costa del abandono del pueblo. Sería difícil objetar eso. ¿Cómo hacer que las cosas cambien? He ahí la disyuntiva. Los anulistas argumentan que anulando el voto se mandaría un claro mensaje de repudio al comportamiento de la clase política; que sería una forma contundente de decir “¡Ya basta!” Incluso dicen que después del 5 de julio México habría cambiado para siempre, pues estaría comenzado a despertar su conciencia y su poder de participación tras largos años de subordinación a un poder oligárquico y abusivo, por decir lo menos. Un gran debate se ha suscitado en torno a esta posición.

ANTECEDENTES




Ciertamente, la postura de anular el voto, o de simplemente no votar, absteniéndose de participar en el proceso electoral, no es nueva. Durante años, diversas organizaciones ancladas a la izquierda del horizonte político, han optado por esa alternativa como medida para deslegitimar a los políticos que se hacen del poder. Es el caso del extinto Partido Comunista, que elección tras elección llamaba a la abstención ciudadana cuando no había condiciones para hacer triunfar a una candidatura de oposición. [1]

La abstención ha sido también la postura del EZLN en diversas coyunturas nacionales, como en las últimas elecciones presidenciales. En aquel entonces los zapatistas evaluaban que el candidato de izquierda no lo era en realidad, que no se distinguía fundamentalmente de los otros aspirantes, y enfocaron gran parte de sus baterías en cuestionar al movimiento que dicho candidato impulsaba.

La posición abstencionista refleja el grado de escepticismo de grandes sectores de la población que, con o sin conciencia política, prefieren abstenerse de votar dado que lo consideran un trámite inútil donde, al final del día, los que deciden son los mismos que ya se encuentran empotrados en los cargos públicos. De aquí que la izquierda anti-electoral suela calificar a las elecciones de “farsa electoral”.

Durante años, esa posición ha quedado marginada del debate público mediático. Por eso resulta curioso que en esta coyuntura tan disputada se haga abiertamente pública la nueva propuesta anulista. Esta propuesta no consiste en abstenerse, sino en anular el voto, cruzando toda la boleta o escribiendo el nombre de un candidato no registrado.

Pero ¿qué hay detrás del anulismo? Para esclarecer esta cuestión será necesario ubicar a los sectores anulistas.

¿QUIÉNES PROMUEVEN EL VOTO EN BLANCO?





Hay que decir que no es un único actor el signatario de este peculiar movimiento. Existe un cúmulo de organizaciones que han aplaudido la polémica consigna del voto en blanco, y su orientación política puede ser tan discordante como que unos se adscriben a la izquierda (los anti-electorales), mientras otros fueron o son aún de la derecha (panistas y expanistas). Otros más se autodefinen simplemente como ciudadanos sin partido y evitan posicionarse en algún punto de la geometría política. No obstante, aunque este movimiento tiene varios flancos, existe una especie de centro orgánico que es el que se encarga de organizar y promover mediáticamente esta campaña, a través de foros, medios impresos (revistas, periódicos, semanarios) y medios electrónicos (televisión, radio e internet).

Por otro lado, existen claras evidencias de que desde algunas fracciones de la presidencia y del partido en el poder, se estima favorable la generalización del rostro de la política.

La ciudadanía inconforme


La corrupción, la degeneración y la impunidad con que opera la llamada clase política en su conjunto podrían ser la causa de que mucha gente haga eco de las propuestas anulistas. Aun así, desde el punto de vista de los sectores más humildes de la ciudadanía, López Obrador y el movimiento que él abandera sigue siendo la vía pacifica más plausible para cambiar el rumbo de la vida pública nacional. Para aquellos, los partidos y los candidatos que respaldan el proyecto obradorista representan una alternativa, y su voto tenderá a fortalecer dicho proyecto.

En contraste, la propuesta anulista halla su principal asidero en los sectores de las clases medias que votaron por el PAN, hoy afectados por las políticas del partido que apoyaron. Estos sectores se encuentran defraudados por el gobierno de Calderón, pero aún creen que López Obrador es un peligro para México. Por esa razón la alternativa de anular su voto goza entre ellos de pleno sentido. Empero, aunque se vean reflejados en el espejo anulacionista, no son estos ciudadanos quienes concibieron este movimiento. Más bien se estarían sumando a una forma de protesta que les parece factible para pronunciar su desencanto.


Los anulistas de izquierda

Como ya se dijo, es común que muchas organizaciones de izquierda se opongan tajantemente a la “farsa de las elecciones”. El gran problema con la izquierda anti-electoral es su incapacidad de vincularse a las luchas sociales reformistas, que son las que normalmente adquieren mayor potencia, porque el grueso de la población las percibe como luchas más realistas. En general, esta valoración parte del principio de que en México no hay democracia, sino una casta de vividores públicos enriquecidos a costa del erario público que simulan un juego democrático, pero que en realidad pactan y deciden el destino del país a partir de sus propias ambiciones de poder y de dinero. De orientación anarquista, socialista o comunista, esta izquierda defiende que la única senda para la transformación del actual orden social es la revolucionaria. Algunos de ellos sostienen que la estrategia correcta para lograr este fin es hacerse del aparato estatal para desde allí orientar el cambio social; esa toma del poder tendría que estar precedida por un alzamiento insurreccional. Otros más cuestionan la lucha por el poder y sostienen que la alternativa radica en crear relaciones solidarias no jerarquizadas hasta alcanzar algún día una nueva sociedad que sería sustitutiva del orden social capitalista; de lo que se trata aquí es de resistir el colapso del capitalismo.

Siguiendo esa lógica, no pocas organizaciones anticapitalistas se han sumado a la propuesta anulista en la coyuntura actual. Sin embargo, tampoco fue esta izquierda la que concibió y organizó el movimiento anulacionista.

Los anulistas de derecha

El verdadero origen y el centro orgánico de la actual campaña anulacionista está en el flanco derecho de la geometría política nacional. Es desde ese centro donde se elabora, se difunde y se financia la nueva anticampaña electoral.

El hecho de que esta iniciativa provenga de la derecha no implicaría necesariamente que sea condenable: este movimiento podría ser la muestra del desencanto de algunas figuras importantes del panismo ante su propio partido en el gobierno. Eso reflejaría el grado de descomposición al que los gobiernos panistas (primero con Fox y ahora con Calderón) han arrastrado al país, hecho hoy evidente hasta para los propios panistas.

Un grupo de reconocidos personajes que han sido relegados del circulo calderonista han gestado esta cruzada por la anulación del voto.

La hora de los arrepentidos




Es el caso de Tatiana Clouthier, que ahora compite por la alcaldía de San Pedro, Nuevo León, con una planilla independiente, ya que el panismo le negó la candidatura de su partido original. Es el caso también del primo hermano de Felipe Calderón, Gabriel Hinojosa Rivero (primer alcalde panista de Puebla en 1995), quien es fundador de la organización Tache a Todos, promotora de la anulación del voto. Otro anulista destacado es el cineasta, publicista y, recientemente, místico Santiago Pando, quién trabajó para la campaña presidencial de Vicente Fox en el 2000 y le hizo publicidad ya como presidente en 2002.[2]


Mención aparte merece el multifacético fundador y principal financiador del sitio web México vota en blanco, Manuel Pérez de Acha, quien, entrevistado por Carmen Aristegui, reconoce que a lo largo de su carrera profesional se ha ubicado en distintos horizontes políticos. Fuertemente vinculado al panismo tradicional por sus lazos familiares, compañero de generación de Felipe Calderón y contemporáneo de Gómez Mont en la Escuela Libre de Derecho, el señor Pérez de la Acha también se ha visto vinculado a la izquierda reformista hasta llegar a apoyar la candidatura de López Obrador en 2006, a quien asesoró para su programa fiscal. Tras el fraude electoral, se alejó del movimiento obradorista, manteniéndose al margen de la vida pública… hasta ahora, que vuelve a retomar su participación política como activista por la cruzada anulista. [Ver la entrevista]


Otros controvertidos personajes vinculados a la causa anulacionista son Esteban Moctezuma Barragán (quien fuera secretario de Gobernación con Ernesto Zedillo) y Rubén Aguilar (quien fuera vocero presidencial de Vicente Fox). Con estos antecedentes, no es extraño que muchos vean al anulismo como una farsa orquestada desde el poder. Al parecer, todos estos personajes estarían arrepentidos de haber cerrado filas con el calderonismo tras la cuestionada elección del 2006. Jamás se atreverían a llamar a votar por los candidatos de la izquierda; su estrategia sería, sencillamente, anular los votos sin importar los resultados finales de la elección.

El caso de los intelectuales







Además de los personajes anteriores, un conjunto de intelectuales de diverso orden y credibilidad se han sumado al anulismo. Algunos de los más visibles son Sergio Aguayo, Denise Dresser y José Antonio Crespo. Todos ellos son analistas de distintos medios impresos y electrónicos. Actualmente impulsan una campaña para difundir el voto en blanco y se encuentran en vías de llamar a una primera asamblea nacional a favor del anulismo. Puede decirse de ellos que no carecen de argumentos para abrazar esta causa, pero los mismos son válidos si, y sólo si, se leen haciendo abstracción del contexto nacional. Basta revisar el sentido que estos mismos intelectuales dieron a sus artículos durante la coyuntura electoral en 2006.

El caso de Denise Dresser es revelador. Siendo una lucida articulista para revistas como Reporte Índigo y Proceso, no se abstuvo de criticar en plena guerra sucia al movimiento reformista liderado por López Obrador con un estilo despreciativo que pocas veces usa al referirse a otros personajes de la vida pública. Ella, como la mayoría de los intelectuales anulistas, también defendió los resultados oficiales de las elecciones tras el fraude electoral, y llegó a calificar a los seguidores de este movimiento como irresponsables miembros de una “comunidad de la fe”. Dresser cuestionaba con ahínco la actitud del movimiento frente a las instituciones. Acusó al obradorismo de querer dividir al país, de radicalista e incendiario, declarando públicamente que dudaba de las pruebas que demostraron el fraude y defendiendo a ultranza al IFE como un organismo conquistado por los ciudadanos. Hoy son Dresser y los anulistas quienes reniegan de esas, las instituciones que tanto defendieron del supuesto peligro obradorista. Al menos en cuanto a la ilegitimidad del vigente orden institucional parecen haber abierto los ojos, pero siguen sin reconocer la legitimidad de un movimiento civil empeñado en transformar la vida pública del país de manera pacifica.[3]

LA SUSPICACIA DE LOS REFORMISTAS



Era de esperarse, tras conocer la lista de los principales operadores del anulismo, que la izquierda lopezobradorista mire a este movimiento con abierta desconfianza. Pensar que el anulismo es puramente espontaneo sería pecar de inocencia, sobre todo si se considera que quienes lo impulsan son, en su mayoría, personajes que contribuyeron de una u otra forma a legitimar el fraude electoral del 2006, aun cuando sea posible que no pocos de ellos estén francamente arrepentidos.

El obradorismo no ha parado de ser blanco de diversos ataques mediáticos; en más de una ocasión ha sido intencionalmente afectado por los organismos institucionales que deberían procurar imparcialidad y justicia. Para muestra dos botones:

a) el caso de la disputa por la dirección del PRD, en 2008, en la que el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) falló a favor de Jesús Ortega de la corriente Nueva Izquierda (NI) en contra de Alejandro Encinas, de la obradorista Izquierda Unida (IU).

b) más recientemente, el caso de la destitución de la candidata electa por el PRD, tras sus elecciones internas: Clara Brugada (también obradorista). Brugada fue afectada por el fallo del TEPJF, que favoreció a la aspirante derrotada de NI en la disputa por la jefatura delegacional de Iztapalapa.[4]

Estas intromisiones de un poder federal en la vida interna de un partido, más los constantes ataques mediáticos de las televisoras al movimiento obradorista, más la intención abierta de los otros partidos e incluso de la fracción NI del mismo PRD para debilitar a dicho movimiento; todo esto, aunado a una campaña que pretende desespecificar a los partidos políticos, y que llama a no votar por ninguno porque “todos son iguales”, no puede más que despertar suspicacia.

No pocos analistas sostienen que el anulismo es más bien una maniobra para evitar que el descontento social se traduzca en votos para los candidatos del movimiento obradorista; que dicho movimiento sólo va a beneficiar al PRI y al PAN y que, en última instancia, será capitalizado por la derecha, tal como sucedió con las famosas marchas contra la inseguidad, las cuales terminaron volviendose un pretexto para promover la pena de muerte. [5]

El debate se ha extendido en todos lados. Desde quienes afirman que esta campaña esta aconsejada por el ex asesor de Calderón, el español Antonio Solá (vinculado al Partido Popular, del ex presidente español y ex aliado de Bush, José María Aznar), hasta quienes sostienen que se trata del inició de una nueva “evolución ciudadana”.[6]

Si este movimiento es honesto, tendrá que buscar la forma de engarzarse con tantas otras luchas activas en el país, pues en la arena política no sólo existen varias opciones, sino que además vienen emergiendo diversidad de movimientos nuevos, tanto reformistas como rupturistas (algunos muy difusos y confusos todavía) en un proceso de reacomodo de fuerzas en lo que parece ser la antesala de una nueva disputa social por el destino de México.

En todo caso, no se puede decir con pruebas en la mano que la oligarquía en el poder esté detrás de la cruzada anulista. Lo que sí se puede afirmar es que este movimiento, aun si fuese legítimo, gira arriba y a la derecha de la geometría política. Tener esto claro será definitivo para el futuro próximo de nuestro país.
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[1] En 1988, viendo esta posibilidad, el PCM se disuelve en unidad con el movimiento democrático aglutinado en el FDN, y lanza la consigna “es la hora”; llamando a la sociedad a votar por dicho movimiento, que pretendía llevar a la presidencia a Cuauhtémoc Cárdenas.


[2] La metamorfosis de Pando ocurrió después de un viaje a la sierra oaxaqueña donde, tras consumir hongos alucinógenos, le fue “revelada” la banalidad de su modo de vida, lo que lo impulsó a buscar la “evolución”, no sólo de su persona, sino de todos los mexicanos, mediante la promoción del voto en blanco. Pando narra su experiencia en su film Creer es Crear.


[3] Será difícil que el anulismo influya en los sectores populares, pues está pensado desde la psicología y la cotidianidad de las clases medias altas, a la que Denise Dresser dirige su discurso y reconoce filiación. [Confeciones de Dresser]


[4] Conviene recordar que la magistrada presidenta del TEPJF, María del Carmen Alanís, es amiga personal de Felipe Calderón y de su esposa, Margarita Zavala, como denuncia Luis Javier Garrido en su articulo: Iztapalapa.


[5] Algunos artículos que vale la pena tener en cuenta son: ¿Para que sirve el voto en blanco? y Mejor la renovación del mandato, ambos de Octavio Rodriguez Araujo; Lecciones de Europa, de Guillermo Almeyra; El Mensaje, de Luis Javier Garrido, y Contra el voto nulo por el voto inteligente, de Alfredo Narvaez, por citar algo.


[6] La Evolución Mexicana de Reporte indigo, es prueba de que esta campaña esta orquestada por el panismo arrepentido.



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